
Frío día de invierno. Me despierta la lluvia que golpea los techos de las casas de la villa en que vivo. Me acurruco un poquito más, disfruto la sensación de estar calientita en mi cama, mientras afuera diluvia, sabiendo que estoy de vacaciones y levantarme temprano no está dentro de mis planes.
Tomo desayuno en pijama, ayudo un poco con la casa, decido si me visto o sigo en pijama, me acuesto a leer un ratito, y finalmente decido que el pijama no me lo saca nadie. Tampoco habrá ducha. Un día de sana suciedad no le hace daño a nadie.
Dibujo, leo, juego con mi hermano chico. Veo tele, mucha tele. Y cuando se acaban los programas que me gusta ver a media tarde (luego de un almuerzo consistente en una humeante cazuela de pollo, especial para días lluviosos), con mi hermano conectamos el Atari; emepamos a recorrer los juegos, y aunque ya los conocemos todos, igual los jugamos otra vez.
A las seis de la tarde comienza a sentirse el olor a aceite caliente, y las sopaipillas friéndose. Se confunde un poquito con el sonido de la lluvia. Y me gusta. Hace calor, la estufa a parafina nos acompaña como cada tarde. Los vidrios se empañan, y mi hermano chico se pone a dibujar en las ventanas con el dedo. Mi mamá lo reta porque dice que los vidrios quedan manchados, y por mientras pone la mesa. Yo la ayudo.
Tres tazas nada más. Mi papá trabaja en el norte, y no le toca venir hasta en 15 días más. Apagamos el Atari, que ya lleva dos horas funcionando sin pausas. Y ponemos la tele, de nuevo. Mi mamá nos prepara humeantes tazones de leche con chocolate, y yo llevo el cuenco con las sopaipillas, pequeñitas, amarillitas y con mucho sabor a zapallo.
Hablamos poco, pero nos reímos harto. Y nos sentimos bastante satisfechos.
Un rato más de juegos, otro poco más de lectura. Paso por encima del cuaderno donde tengo anotadas las tareas que debo hacer para el colegio. Me miran, las miro.... me alejo. Total, queda una semana más.
Me acuesto temprano para leer un ratito más. Vuelve a llover fuerte, y yo estoy acurrucada en mi cama, con tres frazadas gruesas. No se me viene a la mente la gente que habita casas de cartón, o aquellos que viven simplemente a la interperie. Lo único que ocupa mi mente, aun infantil, es la felicidad, aunque no entiendo muy bien a qué se debe eso. Pero me siento dichosa. Me pregunto si, cuando más grande, aun tendré días así. Me pregunto si, cuando más grande, aun seré así de feliz. Cierro los ojos y me imagino que sí... porque ¿qué tan distinta puede ser la vida de adulta a la que tengo ahora?
Pues vaya que es distinta la vida ahora. Es hermosa... pero a veces extraño esos días...
.jpg)
6 comentarios:
Ayyyy! yo también tenía unos días muy parecidos a esos... me hizo recordar muchísimo también. Lo lindo es que, al menos de vez en cuando, podemos tener días similares (no todo va a ser igual pero sí algo semejante!). Te lo digo xq yo lo hago je!
Besitos!
Yo soy la niña de la anecdota XD jajaa tambien me pregunto como mi vida sera en el futuro. Y supongo que muy distinta. Solo espero no cambiar la gente que me rodea, que es lo que mas me importa
jaja en fin, que sigas bien, saludos!
acabo de entrar a tu perfil y recien lei que sos traductora!! yo quiero ser traductora!! :D
Que linda historia! decidí meterme a tu blog porque ahora ando haciendome seguidora de todos para no perderme cuando actualizen.
Leyendo eso me dieron ganas de estar de vacaciones, con lluvia y con sopaipillas, en fin, el viernes lloverá, quizás pueda acostarme cuando llegue de clases *O*
Besitos
a onde te fuiste ju ju ju.!!!
se te extraña.!!!
http://eternodivagar.blogspot.com/
un blog cotidiano, con historias verdaderas...El tema tratado es el mas cotidiano, para cualquier ser humano "el amor" pero es tan cotidiano, que no sabemos como manejarlo...
(\__/)
(◕‿◕)
('')_('')
Lindo post! ;)
Publicar un comentario